En el mundo del adiestramiento y la asesoría canina se ha pasado de un extremo a otro. Pasamos de la vieja escuela que buscaba "doblegar" al perro con maltrato, a una corriente moderna que, bajo una interpretación pobre de la ciencia, deja que el perro haga lo que quiera por miedo a poner límites. Como asesor, tengo claro que ambos extremos son un error. El verdadero Guía de Referencia no es un espectador pasivo, es quien toma el mando para que el perro pueda vivir equilibrado en un entorno humano. El mito del alfa vs. la realidad del liderazgo Es cierto que estudios como los de David Nieto Maceín demuestran que el "macho alfa" tiránico no existe en las familias de cánidos naturales. Pero ojo: que no exista un tirano no significa que no exista una jerarquía. El líder en la naturaleza es el que tiene más experiencia y da seguridad. Si tú no asumes ese papel de dominio sobre las decisiones, tu perro se sentirá huérfano de guía y tratará de tomar el control él mismo...
Si tu perro sale a la calle como si lo estuviera persiguiendo un león, no puedes esperar que a los cinco minutos camine tranquilo a tu lado. El estado emocional con el que un perro cruza la puerta (el umbral) determina el éxito o el fracaso de todo el paseo. Si dejas que la excitación se dispare antes de salir, el cerebro del perro se inunda de adrenalina, bloqueando por completo su capacidad de escucharte. ¿Por qué los umbrales son tan importantes? Los límites físicos, como las puertas de la casa o los ascensores, funcionan como "disparadores" de ansiedad. Para un perro que no tiene estructura, la puerta abierta es el inicio de una carrera sin control. Etológicamente, lo que buscamos es activar el neocórtex (la parte del cerebro que piensa y toma decisiones) y apagar la amígdala (la parte que reacciona por puro impulso). Cuando logramos que el perro se detenga y te mire antes de cruzar, estamos cambiando su química: pasamos de un estado de alerta reactiva a un estado de coop...