A menudo pensamos que el paseo comienza en el momento en que cruzamos el umbral de la puerta, pero la realidad biológica nos dice algo muy distinto. La correa no es solo un hilo de comunicación física; es un conductor de estados químicos. El protagonista invisible de esta historia es el cortisol, la hormona del estrés que, aunque es vital para la supervivencia, se convierte en el mayor enemigo del aprendizaje cuando se desborda. Cuando un perro sale a la calle con niveles elevados de esta hormona, su cerebro entra en un estado de túnel donde la prioridad absoluta es la autoprotección. Es en ese preciso momento cuando la capacidad de procesar información se rompe. Imagina por un segundo el cerebro dividido en dos mandos: uno es el centro racional, capaz de tomar decisiones y atender a indicaciones, y el otro es el sistema de emergencia, gobernado por la amígdala. El cortisol es el combustible que activa este segundo mando. Cuando los niveles son altos, el flujo sanguíneo se desvía de la...
Si alguna vez has sentido que el paseo con tu perro es una lucha de fuerzas, quiero decirte algo que cambiará tu perspectiva: el problema no es quién tiene más fuerza, sino quién está comunicando con mayor claridad. Mi recomendación para educar y pasear parte de una idea central: el paseo debe ser una conversación, no una imposición. Para que esta charla funcione, debemos entender que el movimiento físico influye directamente en la mente. Como propone la neuroetología canina , la velocidad a la que se desplaza un perro modula su nivel de excitación. Un perro que camina al límite de sus fuerzas no está procesando el entorno, está simplemente reaccionando a él. Por eso, mi trabajo se basa en gestionar esas velocidades a través de pausas estratégicas. En mi metodología, la pieza clave es la tensión pasiva . A diferencia del tirón de correa —que según expertos como James O'Heare solo aumenta la frustración y la reactividad—, la tensión pasiva consiste en que e...