Si alguna vez has sentido que el paseo con tu perro es una lucha de fuerzas, quiero decirte algo que cambiará tu perspectiva: el problema no es quién tiene más fuerza, sino quién está comunicando con mayor claridad. Mi recomendación para educar y pasear parte de una idea central: el paseo debe ser una conversación, no una imposición.
Para que esta charla funcione, debemos entender que el movimiento físico influye directamente en la mente. Como propone la neuroetología canina, la velocidad a la que se desplaza un perro modula su nivel de excitación. Un perro que camina al límite de sus fuerzas no está procesando el entorno, está simplemente reaccionando a él. Por eso, mi trabajo se basa en gestionar esas velocidades a través de pausas estratégicas.
En mi metodología, la pieza clave es la tensión pasiva. A diferencia del tirón de correa —que según expertos como James O'Heare solo aumenta la frustración y la reactividad—, la tensión pasiva consiste en que el guía se convierta en un límite firme pero estático. No hay agresión, hay información. En ese momento, permitimos que ocurra la autocorrección: el perro procesa la presión y decide, por voluntad propia, dar un paso atrás para aliviarla.
Este proceso es lo que la Dra. Susan Friedman define como empoderamiento: el perro descubre que su propia conducta tiene el poder de cambiar su realidad. No es obediencia ciega, es una decisión consciente. Al elegir calmarse para seguir avanzando, el perro desarrolla una estructura mental mucho más equilibrada.
Para que este aprendizaje sea sólido, recomiendo siempre ejercicios simples, constantes y repetitivos. Un sentado o un acostado en el momento justo no son "trucos", son herramientas de autorregulación. Como enseña Leslie McDevitt, estos patrones repetitivos le dan seguridad al perro porque sabe exactamente qué esperar de nosotros. Es una forma de vaciar lo que llamamos el "vaso de estrés", permitiendo que el animal se comunique con nosotros a través de las señales de calma que Turid Rugaas tanto ha estudiado.
Al final del día, mi recomendación es que el foco siempre esté en el vínculo. Aunque los premios ayudan, el refuerzo más potente es tu atención, tu afecto y el disfrute mutuo. No busques que tu perro camine como un autómata; busca que camine contigo, confiando en tus decisiones. Porque cuando la correa deja de ser un freno para convertirse en un hilo de comunicación, el paseo se transforma en el mejor momento del día para ambos.

