Gestión de la comida
La comida es el recurso de supervivencia más importante. En la naturaleza, el acceso al alimento lo gestiona el referente del grupo para dar orden y seguridad. Si tu perro tiene el plato siempre lleno, siente que él controla el recurso, lo que genera una carga de estrés innecesaria y hace que tu guía pierda valor. Para corregir esto, debes empezar a servir la ración solo cuando el perro esté calmado, sin saltos ni ladridos. Si al poner el plato el perro se abalanza, vuelve a subirlo y repite hasta que se mantenga tranquilo. Una vez en el suelo, dale 15 minutos para comer; si se distrae o se aleja, retira el plato de inmediato y no se lo vuelvas a poner hasta su siguiente turno. Esto enseña que tú administras el recurso, reduciendo su ansiedad y mejorando su salud digestiva, como bien señala el Dr. Norsworthy al relacionar la previsibilidad con el bienestar sistémico.
Gestión de los umbrales
Cruzar una puerta o bajar una escalera con excitación dispara los niveles de cortisol antes de empezar el paseo, anulando la capacidad del perro para escucharte. Al controlar los límites físicos, activamos su capacidad de razonar en lugar de solo reaccionar por impulso. Para aplicarlo, antes de salir de casa, abre la puerta solo un poco; si el perro intenta empujar o adelantarse, ciérrala suavemente. Debes repetir este ejercicio hasta que puedas abrir la puerta por completo y el perro se mantenga a la espera sin cruzar. Tú debes salir primero y luego darle la señal de "vamos" para que él te siga. Esto garantiza que el paseo comience en un estado de calma y con el perro pendiente de tus instrucciones.
Gestión del juego
Los juguetes que están siempre tirados por la casa pierden su valor y pueden generar conductas obsesivas o destructivas por sobreestimulación. El juego debe ser una actividad compartida que refuerce el vínculo, no una fuente de estrés solitario. Por eso, debes recoger todos los juguetes y guardarlos en un lugar fuera de su alcance. A partir de ahora, tú serás quien decida cuándo empieza y cuándo termina la diversión. Saca el juguete para interactuar con él y, antes de que el perro llegue al agotamiento total, termina la sesión y vuelve a guardar el objeto. Al gestionar tú el inicio y el fin del juego, mantienes el control de su estado emocional y evitas que el perro se desborde.
Gestión del paseo
El perro suele jalar la correa porque ha aprendido que, al hacerlo, llega más rápido a donde quiere. Esa tensión constante no solo genera frustración y reactividad, sino que provoca daños físicos en el cuello y la columna que afectan su salud general. Para solucionarlo, debes convertirte en una "estatua" cada vez que sientas tensión en la correa; si el perro jala, tú te detienes por completo y no avanzas ni un centímetro. Solo retomarás la marcha cuando el perro afloje la correa por voluntad propia o te mire buscando una señal. Si persiste en jalar, da media vuelta y camina en sentido contrario. De esta manera, el perro comprende que la única forma de avanzar es caminando con la correa relajada, lo que mantiene sus emociones en equilibrio.
Gestión de la atención
Tu atención es el premio más grande que le puedes dar a tu perro, y si la entregas cuando está ansioso o excitado, estás financiando ese comportamiento. Debemos premiar la calma para que el perro aprenda a autogestionarse. Por ello, al llegar a casa, ignora al perro por completo (no lo mires, no le hables, no lo toques) hasta que esté totalmente relajado. Solo cuando veas que se ha echado o que camina tranquilo por la casa, llámalo para saludarlo con caricias suaves. Aplicar este protocolo de saludo diferido es fundamental para prevenir la ansiedad por separación y asegurar que el estado basal de tu perro en casa sea la tranquilidad, tal como recomienda la etología clínica moderna.
Gestión del foco (Contacto Visual)
Un perro que no te mira en entornos difíciles es un perro que se ha "desconectado" de ti para vigilar el entorno, lo que dispara su hipervigilancia. El contacto visual voluntario es la herramienta que saca al perro del sistema de alerta y lo devuelve al sistema cognitivo. Para lograrlo, debes premiar a tu perro en casa cada vez que te mire a los ojos de forma espontánea. Una vez que entienda que mirarte tiene valor, empieza a pedirle ese contacto visual ("Mira") antes de ponerle la correa, darle comida o permitirle salir por la puerta. Esta conexión es el pilar de un vínculo seguro; le enseña al perro a buscar instrucciones en ti cuando el mundo exterior le resulte abrumador, reduciendo drásticamente su reactividad.
